Capilla de los Vigiles de la Catedral de Oviedo

La Capilla de los Vigiles, también conocida como Capilla de la Anunciación, es uno de los espacios más singulares de la Catedral de San Salvador de Oviedo. Concebida como capilla funeraria del obispo Juan Vigil de Quiñones y de su familia, constituye una de las primeras manifestaciones del barroco clasicista dentro del templo.

Arquitectura y escultura forman aquí un conjunto especialmente coherente: la obra de Juan de Naveda se completa con el monumento funerario y el retablo realizados por Luis Fernández de la Vega, uno de los principales escultores asturianos del siglo XVII.

Una capilla funeraria del siglo XVII

En 1615, el Cabildo de la Catedral cedió al gijonés Juan Vigil de Quiñones, que había sido obispo de Valladolid y posteriormente de Segovia, una capilla situada en el costado norte del templo para convertirla en lugar de enterramiento suyo y de su familia.

El obispo falleció en 1617, antes de ver realizado el proyecto. Las trazas fueron encargadas al arquitecto Juan de Naveda. Los trabajos comenzaron en 1627, sufrieron varias interrupciones y concluyeron finalmente en 1640.

Arquitectura clasicista y simbolismo funerario

La capilla presenta una concepción centralizada y está cubierta por una gran cúpula con linterna. Su diseño funerario tomó como referencia el Panteón de Roma, un modelo de enorme influencia en la arquitectura europea desde el Renacimiento.

En el interior predomina una decoración sobria y monumental. Las pilastras, con fustes acanalados y capiteles de orden compuesto, estructuran los muros, mientras que los motivos heráldicos recuerdan a la familia promotora.

El obispo Vigil de Quiñones orante

Uno de los elementos más destacados de la capilla es el bulto funerario de Juan Vigil de Quiñones, realizado en piedra por Luis Fernández de la Vega (1601-1675). El prelado aparece arrodillado en actitud de oración y orientado hacia el retablo de la Anunciación.

Escultura orante del obispo Juan Vigil de Quiñones en la Capilla de los Vigiles de la Catedral de Oviedo

Juan Vigil de Quiñones en actitud orante, obra de Luis Fernández de la Vega, en la Capilla de los Vigiles de la Catedral de Oviedo.

La escultura fue realizada después de la muerte del obispo y destaca por el tratamiento naturalista del rostro y por la minuciosidad de las vestiduras. Su disposición, arrodillado ante un reclinatorio y mirando hacia el altar, se relaciona con la tradición de los grandes retratos funerarios orantes de los siglos XVI y XVII.

Un detalle para observar: la posición del obispo no es casual. La figura fue concebida para mantener una relación visual permanente con el retablo, integrando el monumento funerario en el programa religioso de toda la capilla.

El retablo de la Anunciación

Frente al monumento funerario se encuentra el retablo dedicado a la Anunciación. Su arquitectura corresponde a Alonso Carreño, mientras que los relieves fueron realizados por Luis Fernández de la Vega.

Tallado en madera, el retablo se organiza en dos pisos sobre un banco. El gran relieve central representa la Anunciación, advocación de la capilla, y en la parte superior aparece el Bautismo de Cristo. En el banco se desarrollan varias escenas relacionadas con el nacimiento y la infancia de Jesús, mientras que en el ático figura Dios Padre bendiciendo.

El retablo no recibió originalmente policromía. Esta ausencia de color contribuye a la particular unidad visual del conjunto y permite apreciar con claridad el modelado de las figuras y los característicos pliegues de las vestiduras.

La restauración de la Capilla de los Vigiles

La cubierta original de la capilla utilizaba losas de piedra, una solución inspirada en el Panteón romano que terminó provocando importantes problemas de filtraciones y humedad. Dentro del Plan Director de la Catedral se actuó sobre la cubierta a finales de la década de 1990 y fue necesario esperar durante años al secado de los muros.

Finalmente, entre 2019 y 2020 se acometieron la limpieza y restauración del interior y del retablo, culminando una intervención que permitió recuperar uno de los conjuntos artísticos más interesantes de la Catedral de Oviedo.