Los orígenes de Oviedo

El origen tradicional de Oviedo se sitúa en el siglo VIII. Las fuentes medievales vinculan el nacimiento del núcleo urbano a los monjes Máximo y Fromestano y a la fundación de un establecimiento monástico dedicado a San Vicente. Aquel monasterio se levantó en un territorio que, con el paso del tiempo, se convertiría en el centro de una ciudad de enorme importancia política.

Recreación de los monjes Máximo y Fromestano en los orígenes de Oviedo
Recreación de Máximo y Fromestano en los orígenes de Oviedo, en el siglo VIII.

El rey Fruela I aparece también ligado a los primeros momentos de Oviedo. Durante su reinado se habría levantado una basílica dedicada a San Salvador y otras construcciones religiosas. Sin embargo, el gran impulso de la ciudad llegaría unas décadas más tarde, con Alfonso II.

De monasterio a capital regia

En pocas décadas, el pequeño asentamiento altomedieval pasó a desempeñar un papel central en la monarquía asturiana. Ese cambio explica la excepcional concentración de patrimonio prerrománico que conserva Oviedo y su entorno.

Alfonso II y la sede regia

El reinado de Alfonso II el Casto (791-842) constituye uno de los momentos decisivos de la historia ovetense. El monarca estableció en Oviedo su corte y configuró una auténtica regia sedes, dotándola de palacios, iglesias y edificios vinculados al poder real y religioso.

A esta etapa pertenecen o se vinculan algunos de los testimonios más importantes del Oviedo prerrománico, como San Julián de los Prados, San Tirso el Real, la Cámara Santa y la Foncalada. La ciudad adquirió así una dimensión política y monumental muy superior a la del asentamiento original.

Durante el reinado de Alfonso II se produjo además el descubrimiento atribuido a la tumba del apóstol Santiago en Galicia. El monarca asturiano acudió al lugar y ordenó levantar allí una iglesia. La tradición considera aquel desplazamiento el origen del Camino Primitivo, que parte de Oviedo y constituye la ruta jacobea más antigua.

El esplendor del prerrománico

Los sucesores de Alfonso II continuaron enriqueciendo el entorno de la corte. En tiempos de Ramiro I se levantaron en el Naranco Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, dos de las obras más conocidas del arte asturiano.

Bajo Alfonso III, la monarquía asturiana alcanzó una nueva etapa de expansión. De este periodo procede la Cruz de la Victoria, convertida con el tiempo en uno de los grandes símbolos de Asturias. En el año 910, tras la muerte de Alfonso III, el centro político de la monarquía se desplazó hacia León y Oviedo dejó de ser corte real.

Oviedo medieval: Catedral, reliquias y peregrinos

La pérdida de la condición de sede regia no supuso la desaparición de la importancia de Oviedo. La ciudad conservó un gran prestigio religioso gracias a San Salvador y, especialmente, a las reliquias custodiadas en la Cámara Santa.

La apertura solemne del Arca Santa en 1075, en presencia del rey Alfonso VI, reforzó la fama del santuario ovetense. El culto a sus reliquias —entre ellas el Santo Sudario— convirtió Oviedo en destino de peregrinos y en una etapa estrechamente vinculada a las rutas hacia Santiago.

Recreación de la apertura del Arca Santa de Oviedo en 1075
Recreación de la apertura solemne del Arca Santa en 1075, en presencia del rey Alfonso VI.

Durante la Edad Media se consolidó la trama urbana alrededor del recinto episcopal, los monasterios y las calles que comunicaban las puertas de la ciudad. Instituciones como el monasterio de San Vicente y el monasterio de San Pelayo desempeñaron un papel destacado en la vida religiosa y cultural.

A finales del siglo XIII comenzó la gran transformación gótica del conjunto catedralicio. Las obras se prolongaron durante siglos hasta configurar buena parte de la actual Catedral de San Salvador, cuya torre acabaría convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles de Oviedo.

El incendio de 1521 y la ciudad de la Edad Moderna

Uno de los acontecimientos que más profundamente marcaron la fisonomía de Oviedo fue el gran incendio de 1521. El fuego destruyó o dañó buena parte del caserío, formado en gran medida por construcciones con abundante madera. La reconstrucción posterior contribuyó a modificar el aspecto de numerosas calles del núcleo histórico.

Durante los siglos XVI y XVII la ciudad fue incorporando nuevos edificios civiles y religiosos. En este periodo se consolidaron espacios que hoy forman parte esencial del casco antiguo y se levantaron o transformaron palacios vinculados a las familias nobles asturianas.

Un hito fundamental fue la creación de la Universidad de Oviedo, impulsada por el arzobispo Fernando de Valdés Salas y abierta a la enseñanza a comienzos del siglo XVII. La Universidad se convirtió en una de las instituciones fundamentales de la vida cultural de la ciudad.

En el siglo XVIII, la Ilustración dejó también una importante huella. Oviedo fue un centro intelectual destacado, ligado a figuras como Benito Jerónimo Feijoo, que desarrolló buena parte de su actividad en el monasterio de San Vicente.

El siglo XIX: expansión y transformación urbana

El siglo XIX transformó progresivamente la escala y la imagen de Oviedo. La desaparición de parte de las antiguas murallas, la apertura de nuevas calles y el crecimiento más allá del casco histórico permitieron la expansión de la ciudad.

La llegada del ferrocarril favoreció el desarrollo de un nuevo eje urbano entre la Estación del Norte y el centro. La calle Uría se convirtió progresivamente en una de las grandes arterias de la ciudad, mientras surgían nuevos edificios residenciales, comerciales y administrativos.

El crecimiento económico de Asturias, relacionado con la minería, la industria y las comunicaciones, repercutió directamente en Oviedo como capital administrativa y de servicios. En este contexto se construyeron edificios que siguen definiendo el paisaje urbano, entre ellos el Teatro Campoamor.

La ciudad de finales del XIX quedó además inmortalizada literariamente en La Regenta, de Leopoldo Alas «Clarín», donde Oviedo aparece transformado en la ficticia Vetusta. La novela constituye una de las representaciones literarias más conocidas de la sociedad urbana ovetense de aquella época.

Oviedo en el siglo XX

El siglo XX estuvo marcado por una rápida expansión urbana, pero también por algunos de los episodios más difíciles de la historia contemporánea de la ciudad. La Revolución de Asturias de octubre de 1934 tuvo en Oviedo uno de sus principales escenarios. Los enfrentamientos y la represión causaron numerosas víctimas y graves daños materiales; varios edificios y fondos históricos resultaron destruidos.

Dos años después, durante la Guerra Civil española (1936-1939), Oviedo volvió a convertirse en escenario de intensos combates. La ciudad permaneció cercada durante meses y sufrió importantes destrucciones. La posguerra abrió un largo proceso de reconstrucción que modificó nuevamente parte de su paisaje urbano.

Recreación del asedio de Oviedo durante la Guerra Civil española
Recreación del asedio de Oviedo durante la Guerra Civil española.

Desde mediados del siglo XX, Oviedo creció hacia nuevos barrios y amplió notablemente sus servicios e infraestructuras. La transformación económica de Asturias y el desarrollo del sector terciario reforzaron su función como capital administrativa, universitaria, comercial y cultural del Principado.

La ciudad contemporánea

En las últimas décadas, la recuperación del casco histórico, la peatonalización de numerosas calles y la puesta en valor del patrimonio han reforzado la relación entre la ciudad actual y su pasado. A los monumentos medievales y prerrománicos se han añadido nuevos equipamientos y ejemplos de arquitectura contemporánea, como el Auditorio Príncipe Felipe y el Palacio de Exposiciones y Congresos.

Hoy Oviedo conserva en un espacio relativamente reducido las huellas de todas esas etapas: la antigua sede de los reyes asturianos, la ciudad episcopal y peregrina, la Vetusta de Clarín, la capital burguesa de los siglos XIX y XX y la ciudad contemporánea.

La historia de Oviedo a través de sus monumentos

Estos lugares permiten recorrer físicamente algunas de las principales etapas de la historia de la ciudad: